"El que arriesga puede perder, pero el que nunca lo hace...pierde siempre"

martes, 26 de agosto de 2008

Calígula: Edición Imperial



Ya no había motivos para que siguiera censurada. Si bien, la película Calígula: Edición Imperial, hubiese sido un escándalo para la época, hoy ya no hay razón para sorprenderse con las actitudes desviadas del emperador romano, quien experimentó el incesto, la corrupción, las orgías, el sadismo extremo y la zoofilia.

Que el Consejo Británico de Calificación de Películas aprobara, después de 29 años de su realización, el filme de Tinto Brass, para que pueda distribuirse en DVD, no debiera sorprender. Pero como seguimos en medios de comunicación que no son capaces de llamar las cosas por su nombre, no es difícil encontrar titulares que hablan de la aprobación y de la distribución del “mayor escándalo del cine”, como si fuese un éxito a la libre expresión.

Las estadísticas son claras. En EE.UU. existen 420 millones de páginas webs pornográficas y según estadísticas de comStore Media Metrix en julio de 2005, éstas recibieron 71,4 millones de visitas. Si es por censurar a los menores de 18 y de 14 años dependiendo el país, ello puede refutarse con que el segmento de entre 12 y 17 años es el que más consume pornografía en el mundo, es decir, pueden incluso saber más de sexo que aquellos que a los 16 años, sólo tenían acceso a revistas eróticas y animadas.

Si de incesto se trata, bien viene al caso, el austriaco Josef Fritzl, un hombre de 73 años que mantuvo relaciones con su hija y que la dejó encerrada en un cuarto, durante 24 años. Los medios hicieron un escándalo a proporciones, como si no se tratara de un Calígula del siglo XXI.

Pero qué puede ser censurable entonces en el mundo de hoy. Acaso no vivimos con constantes cifras corruptas que nos hablan de los países más corruptos. No vivimos acaso, con la pornografía a mano y con miles de invitaciones a nuestros propios correos de masajes a domicilios o de lindas y jóvenes rubias que se ofrecen para pagar sus estudios.

Si es así, el cine no debiera tener censura. Porque si somos capaces de censurar el medio cinematográfico, también debiéramos tener la capacidad de censurar a los medios de comunicación, que muestran una realidad real. Quizás el problema no sea el cine, quizás debiéramos censurar lo que ocurre a diario.

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